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La obsesión por crear se hizo tinta

A Leticia Vera, toledana nacida en 1984, hay que seguirle la pista. Fue vislumbrar su trabajo y… saber que tenía que estar entre nosotros, en “De Autores”.

Creadora en su propia técnica en el arte, autodidacta en la tinta, escritora de poemas, nube de pensamientos filosóficos, la han convertido en su deseo desde pequeña: “ser toda una artista”.

Pasé por ella una vez y, sus pinturas me llamaron la atención… no me paré. La segunda vez, fue inevitable detenerme durante un prolongado periodo de tiempo. Ella, me observaba, y no dudó un instante en explicarme su trabajo, lo que me quedó más prendada a sus obras, si cabe.

Leticia explica que ella lo que hace es “transformar la percepción de una realidad deformada en otra que le dé forma ya sea desde el dibujo, la fotografía, la escritura o la creación de objetos”.

En sus obras, el tema principal es el retrato de sí misma o, de otra manera “autorretratos de estancias”, (como Leticia los ha llamado). Éstos son, retratos de estados de ánimo. “Retratos de ese laberinto que me habita en el que cualquier cosa puede suceder. Se pueden observar dibujos de mujeres, ya que su mirada, sus gestos, su anatomía, me sirven expresivamente. Después están los paisajes imposibles, que me gusta pensar que alguna vez estuvieron habitados por ellas.

Con la mujer como tema principal, le preguntamos si, refleja, de algún modo, la figura que representas con la sociedad.

La artista nos responde que las mujeres que dibuja se nutren de objetos, de símbolos que son comunes en esta sociedad. Leticia, señala que intenta descontextualizarlos para hacerlos más visibles desde este viraje.

Su filosofía se aprecia en su forma de hablar, de mirar, de expresarse con gestos, y por supuesto, en la inspiración de sus obras. Están orientadas en diferentes estados de ánimo. Momentos, instantes concretos. Todo ello, conforma un mundo propio que, ella misma, concreta en sus dibujos. A veces, llego a atisbar un origen, algo que me desborda.

En sus obras, lo que destaca, de un vistazo es la técnica empleada.

Silvia: ¿Por qué el manejo de la tinta?

Leticia: Porque era la única técnica que no había estudiado en Bellas Artes. Quería librarme del academicismo empezando desde cero. Y eso hice. Después de romper montañas de papel, comencé a atisbar algo, algo mío, propio. No me había sucedido hasta ese momento. La tinta es una técnica apasionante, pero compleja.

Silvia: ¿La acuarela?

Leticia: No suelo utilizar mucho la acuarela, me gustan más las tintas de colores. El hecho de que no sea indeleble, en este momento, hace que prescinda de ella. Aunque también, al principio, experimenté bastante con esta técnica.

Silvia: ¿Alguna técnica que te gustaría desarrollar?

Leticia: El óleo me atrae muchísimo, y el temple. Me gustaría trabajar más con estas técnicas. Y el grabado me encanta, es algo que tengo pendiente.

Silvia: Además de preciosos cuadros… ahí no queda tu arte… explícanos…

Leticia: Los complementos que realizo (broches de muñecas de lino, pendientes con ilustraciones originales y resina, colgantes…) son una extensión de lo que hago, todo está hecho a mano y creo que tiene coherencia con el conjunto. Llevar un dibujo al cuello o un broche de una mujer vestida de gran dama también resulta divertido.

Silvia: ¿Te costó desarrollar una técnica creada por ti misma?

Leticia: Muchísimo. Años de pruebas y descartes, hasta que encontré la fórmula adecuada y el tiempo necesario para que se realizara bien. (Me refiero a la técnica de mis “miniaturas”). Mi deseo era encontrar una técnica que simulara el grabado, pero sin serlo. El resto de técnica fue experimento tras experimento con tintas de diversos tipos, plumillas de anticuario, tinteros…

Silvia: ¿Te identificas con tus dibujos?

Leticia: A partir de cierto momento sí, poco después de dejar Bellas Artes. Sentía que no importaba hacer cosas nuevas, como me inculcaron allí, sino, buscar un origen desde el que agarrarse y seguir. Ahora sé que todas las mujeres que dibujo soy yo, y todo yo son ellas.

Desde muy pequeña, Leticia Vera, manifestaba una obsesión por crear, y esta inquietud empezó a aumentar con los años. “Yo de pequeña quería ser artista. Dan fe los molinos de viento que dibujé con rotulador en las paredes de mi casa con cinco años que mi madre nunca olvidará. Dibujaba sin parar cualquier cosa. Sufrí muchos bloqueos, muchas inseguridades a lo largo de los años, pasaba largas temporadas perdida. Pero al fin conseguí, mediante esta ruptura con todo lo aprendido, encontrarme de algún modo.”

Estudió en la Universidadde Bellas Artes, pero pronto descubrió que no le aportaba mucho, más bien lo contario, asegura.

Las obras de Leticia Vera han llegado a cientos de hogares en los que unos estarán enmarcados, otros en un cajón u olvidados. Me encantaría que de ellos brotaran nuevas historias. Otros están en la mansión de un señor italiano que se llevó todos los dibujos que tenía en aquel momento. Algunos se han marchado a diferentes puntos del globo, otros han participado en diversas exposiciones como en la Galería Idearte, Artépolis o en la feria Dearte. También es necesario señalar todas las ferias de diseño independiente en las que he participado (Nomada Market, Innovamarket, Mercados de Domingo, Rastrearte, Tamimarket, etc).

Además, como dije, Vera es polifacética, en lo que al arte se refiere. Escribe, y cómo escribe. Se decantó desde muy pronto por los versos. Y, nos ha contado que parte de sus pomas se han concretado en una plaquet, presentada en la librería Enclave por Julio Monteverde.

También, ha recitado sus obras escritas en bares, centros culturales de Madrid y en el Círculo de Bellas Artes en el ciclo “La Voz y su Sombra”, con la intervención de  Eugenio Castro y Lurdes Martínez.

Silvia: ¿Proyectos futuros?

Leticia: A corto plazo, el día 3 de febrero a las 19:30, inauguro una exposición de dibujo en la librería Enclave en la que leeré mi primer poemario,La Bombilla Negra. A medio plazo, deseo retomar el óleo y el temple y siempre experimentar cosas nuevas, si hace falta, desde el principio.

Autodidacta, capaz de diluir los tintes con su pincel hasta el infinito y más allá, creando, inventando mundos fantásticos y a la vez, acordes con la realidad.

Y, por si fuera poco, nos recita sus propios versos.

Ella es, Leticia Vera.

 

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Secretos traducidos en píxeles

Una idea. Una cámara. Un programa para editar imágenes. ¿Hace falta algo más para ser una buena fotógrafa? Talento. Y desde luego Cristina Otero lo tiene.

En Valencia una jovencita de 15 años ha conseguido que sus fotografías inauguren la Kir Royal Gallery. Para romper tópicos, Cristina Otero no tiene apenas experiencia. Autodidacta desde hace solo dos años, fue con 13 cuando le picó el gusanillo por el mundo de la fotografía. Decidió ahorrar para comprar una buena cámara, pero durante el año que tardó en conseguirlo se apañó con una Kodak de su padre. Cuando una réflex llegó por fin a sus manos vio como su sueño iba cumpliéndose poco a poco.

Autorretratos. Esa fue la elección de esta creativa madrileña. Se maquilla, busca complementos, se pasa horas hasta conseguir la imagen perfecta. Lo tiene claro y sabe que quiere seguir, ante todo, aprendiendo. Las redes sociales han hecho posible que el trabajo de Cristina fuera poco a poco obteniendo el reconocimiento que se merece. Aun sigue sorprendiéndose  por el éxito de sus fotografías y está tremendamente agradecida a la Kir Royal Gallery por haber confiado en ella.

Su vida no ha cambiado mucho. Es consciente de que aún es muy joven, pero sabe que el arte guía su vida. No solo es una fotógrafa con ideas brillantes: también le gusta escribir, leer y dibujar. Lo más importante para ella es que disfruta con lo que hace y, además, su familia le apoya.

Cádiz es su actual lugar de residencia. Su vida diaria es como la de cualquier adolescente, aunque dice que el cambio de ciudad hace que le cueste abrirse a nueva gente. Pero, si realmente quieres conocer algo más de esta artista, solo tienes que ver sus fotografías. Cada imagen, una historia, una muestra de lo que siente cualquier persona: alegría, ira, miedo, rabia, satisfacción, rencor… Porque Cristina Otero no entiende el arte sin mensaje. Por eso espera que todo el que observe su obra vea en ella algo más que una idea original y unos bonitos retoques. Quiere transmitir, que el público se sienta identificado con su protagonista: con ella misma. Que entienda lo que hay detrás de cada trabajo y que no se quede indiferente.

Cada autorretrato es una página de su particular diario. Sus sentimientos, sus miedos, sus triunfos y también sus fracasos están representados en píxeles. Solo necesita un pintalabios, una fruta, un paisaje… y un objetivo. Nunca se aleja de un bolígrafo para apuntar cualquier idea que surja de forma inesperada, ya que encuentra su inspiración en cualquier momento. Eso sí, asegura que el arte está relacionado en todas sus facetas y que cuando escucha música o lee su mente comienza a viajar y a reinventar toda su realidad. Y así surge una nueva fotografía.

Ahora, muchos afortunados podrán disfrutar su exposición en Valencia. Conocer sus más profundos secretos cifrados en preciosas metáforas visuales. Una vez más internet ha ayudado a que el arte se reconozca, independientemente de la edad, de los recursos económicos o de cualquier otro factor que le perjudicaría a la hora de difundir su trabajo. Desde DeAutores recomendamos a esta joven artista y le deseamos lo mejor.

*Aprovechamos para felicitar a Cristina. Ahora mismo, a las 0:14, un poquito después de publicar esta entrada, nuestra protagonista cumple ya los 16. Muchísimas felicidades y mucha suerte en tus proyectos 🙂